Oscar Pérez-Oliva Fraga: La Nueva Apuesta de la Cúpula Cubana
En pocas palabras
Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de los Castro, emerge como posible figura clave en la sucesión presidencial cubana, sin ser conocido por el pueblo.
Más detalles
Qué pasó
En los pasillos del poder cubano, un nombre empieza a susurrarse con más fuerza: Oscar Pérez-Oliva Fraga. Este ingeniero electrónico de 54 años, casi desconocido para la gente en la calle, está ascendiendo de manera rápida dentro de la élite gobernante de la isla.
Analistas lo señalan como un posible relevo presidencial, una ficha clave en un momento delicado para Cuba, marcado por una economía en apuros y la sombra de futuras negociaciones con Washington.
Dónde y cuándo
La historia de su ascenso se cocina lejos de los ojos del pueblo. Mientras en Bauta o Pinar del Río su nombre no dice nada a nadie, él ha escalado posiciones importantes en La Habana.
Su vinculación con la familia Castro es directa: es sobrino-nieto de Fidel y Raúl, hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, la hermana mayor. Corre por sus venas la misma sangre, aunque se dice que le falta el carisma popular de los fundadores.
Actualmente ocupa cargos de viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera. Son puestos que lo conectan directamente con GAESA, la gran empresa controlada por las Fuerzas Armadas.
Por qué es importante
La importancia de Pérez-Oliva Fraga radica en su perfil y sus lazos familiares. Su posible ascenso indicaría una continuidad de poder familiar, aunque con un rostro más joven y técnico, en un país que necesita cambios.
Afectaría directamente a la estabilidad política y económica de Cuba. Su figura podría ser útil en un escenario donde se barajan conversaciones con Estados Unidos, funcionando como un gestor de ajustes sin alterar la base del sistema.
Es una señal de cómo la cúpula busca renovar sus cuadros sin ceder el control. Su llegada al cargo consolidaría una ruta específica para el futuro de la isla.
Qué dicen las partes
El primer ministro Manuel Marrero Cruz ya lo ha calificado como un “cuadro preparado” para responsabilidades mayores. Esta declaración es vista como un claro respaldo desde lo más alto del gobierno.
Por otro lado, historiadores como Sergio López Rivero comentan que a Pérez-Oliva Fraga le falta una “relación con la masa”, algo que sí tuvieron los Castro históricos. No hay un mito construido alrededor de su figura.
Politólogos, como Carlos M. Rodríguez Arechavaleta, recuerdan que la elección presidencial en Cuba no es popular, sino un proceso interno de la Asamblea Nacional. Es decir, una decisión de cúpula.
Expertos como Sergio Ángel Baquero sugieren que otros nombres en la lista, como Marrero o Morales Ojeda, representarían una continuidad más marcada. El perfil tecnocrático de Pérez-Oliva Fraga podría permitir, al menos en teoría, una gestión más pragmática.
Qué viene ahora
El camino para Pérez-Oliva Fraga ya está despejado en lo legal: a finales del año pasado fue nombrado diputado a la Asamblea Nacional, un requisito indispensable para poder ser presidente bajo la Constitución de 2019.
Ahora, queda observar si la cúpula finalmente lo elige. Su posible rol sería el de un gestor capaz de navegar la crisis económica y, quizás, los diálogos internacionales sin alterar el andamiaje del régimen.
Sin embargo, muchos se preguntan si su ascenso traerá cambios reales para una Cuba que sufre. Su pensamiento político es una incógnita y su margen de acción, seguramente, estaría limitado por la rigidez del sistema. De ser así, la sucesión en el castrismo seguiría siendo un asunto de familia, control y supervivencia del poder.
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En pocas palabras:
Oscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de los Castro, emerge como posible figura clave en la sucesión presidencial cubana, sin ser conocido por el pueblo.