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lunes, 9 de febrero de 2026

En pocas palabras

Cuba reconoce oficialmente una "economía de guerra" extrema, cerrando hoteles, recortando la jornada laboral y paralizando servicios esenciales ante la escasez crítica.

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Qué pasó

La isla ha declarado oficialmente una "economía de guerra", una fase que el propio gobierno reconoce como extrema. Lo que antes se negaba, ahora se anuncia sin rodeos: Cuba funciona con combustible al límite y servicios esenciales casi paralizados.

Este nuevo escenario se traduce en medidas drásticas, incluyendo el cierre de instalaciones hoteleras, una reducción significativa de la semana laboral para miles de empleados estatales y el colapso del transporte público. Sectores clave como la salud, la educación y la agricultura también enfrentan cambios sin precedentes.

Dónde y cuándo

Estas decisiones se implementan a partir de febrero de 2026, afectando cada rincón del país. Desde las ciudades hasta el campo, la vida cotidiana se reorganiza forzadamente alrededor de la escasez y los constantes apagones.

El impacto se siente en todo el territorio cubano, con una visible parálisis que afecta la movilidad y el acceso a servicios. La situación refleja una crisis energética profunda que condiciona el presente y el futuro cercano de la nación.

Por qué es importante

La importancia de esta declaración radica en el reconocimiento oficial de una crisis que afecta directamente a la población. Con hoteles cerrados y menos horas de trabajo, el sustento de muchas familias se ve comprometido, mientras los precios siguen al alza.

El golpe al turismo, una de las principales fuentes de divisas, es simbólico y real, demostrando que ninguna esfera económica está a salvo. Además, la reducción salarial para los "interruptos" agrava la ya precaria situación económica de miles de hogares.

Es una admisión tácita de que el Estado ya no puede garantizar servicios básicos, forzando a buscar soluciones alternativas como la venta privada de electricidad o la importación de combustible por parte de empresas.

Qué dicen las partes

El gobierno, a través de sus comunicados, ha pasado de maquillar la realidad a reconocer la "extrema" situación. Se justifica las medidas como una "protección de los servicios vitales", mientras exhorta a la "resistencia" de la población.

Las decisiones tomadas, como permitir a privados vender electricidad solar o a empresas importar diésel, son un reflejo de la urgencia y la incapacidad estatal para cubrir estas necesidades básicas. Son pasos que marcan un cambio en el modelo de gestión.

Qué viene ahora

Se vislumbra una prolongada fase de ajuste y supervivencia para Cuba. Los próximos pasos incluirán una mayor adaptación a la escasez de combustible, el uso de tracción animal en el campo y la reorganización de la atención médica.

La dependencia de la ayuda internacional, como los alimentos enviados por México, se hará más evidente. Sin embargo, las negociaciones petroleras siguen estancadas por temor a sanciones, lo que augura un futuro incierto. El país no gestiona una crisis, sino que sobrevive a ella.

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Cuba reconoce oficialmente una "economía de guerra" extrema, cerrando hoteles, recortando la jornada laboral y paralizando servicios esenciales ante la escasez crítica.
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